Los mostradores de maquillaje han sido lugares inhóspitos para las mujeres raciales (y los hombres), como yo. Las conversaciones con vendedores eran a ratos alientantes, a ratos insultantes. Recuerdo a una persona diciéndome “no tenemos tu tono en stock” como si nada. “Esa base debería funcionarte si le das tiempo”, me informó otra, y lo remató con este consejo como despedida: “manda un email a la oficina central, quizás consideren fabricar tu tono”.
Cuando la línea Fenty Beauty de Rihanna se anunció en septiembre de 2017 supe que sería el principio de un cambio radical. Con su video de promo sexy y capaz de detener al tráfico que incluía a la propia Rihanna junto a una selección de mujeres diversas – Slick Woods, Duckie Thot, Paloma Elsesser y Halima Aden – estaba claro qué representaría Fenty: una industria de la cosmética y representación de la belleza más inclusivas.Rihanna en Dubai presentando Fenty Beauty
© Mark Ganzon/Getty Images

Los usuarios de las redes sociales aplaudieron tan ruidosamente a Fenty Beauty y lo que ofrecía que la industria de la belleza no supo qué hacer consigo misma. Casi todas las demás marcas se apresuraron a sacar tonos nuevos (léase más oscuros) tras la revelación de la gama de 40 tonos de Fenty Beauty. La maquilladora Ammy Drammeh, cuya estética es “real, más que natural” usa los productos en sus clientes y en ella. “Son versátiles y los uso de maneras diferentes, como el highlighter y el lápiz de labios como sombra de ojos”. Cuando pregunté a Drammeh sobre el cambio cultural que causó Fenty Beauty señala que “después de que Fenty lanzara su amplia gama de bases todo el mundo se volvió loco, recuerdo ver las colas en Harvey Nichols. Poco después de eso otras marcas hicieron lo mismo”.