las fotos de vestidos y looks en Instagram funcionan mucho mejor (tienen un buen engagement, hablando en términos un poco más técnicos) que el resto. Es una realidad que se puede constatar fácilmente: los datos y estadísticas de la red social demuestran que el público quiere ver a personas, y quieren ver lo que llevan esas personas. Ya parece que poco o nulo espacio queda para esos bodegones que hasta hace un año aproximadamente copaban buena parte de la plataforma: estaban cuidados hasta el extremo, con una composición minuciosa y una perspectiva milimétrica. Flat lay, se llamaban; una toma mucho más difícil de realizar de lo que puede parecer, pero que tenía la ventaja de solventar el aparecer en la foto y poner el foco en lo que se quería mostrar, que no era otra cosa que la prenda que se acababa de adquirir y que, en el mejor de los casos, había robado el corazón. Y en plena regresión a lo que acabamos de dejar detrás, no es extraño que esté gestándose la vuelta de este tipo de fotografías, pero con unos cuantos giros en clave 2019: ahora las insiders están enseñando sus mejores vestidos y looks de un modo muy concreto que sí, tiene que ver con aquellos #lookoftheday y que, quizás, es incluso más estético.
Cuando Pernille Teisbaek subió esta imagen a su perfil de Instagram, se tomó como un caso aislado. Entrañable, porque traía esos recuerdos recientes, pero aislado: era un look armado con mimo que, de hecho, posteriormente llevó. Una gabardina bicolor, unos botines negros, unas gafas de sol de pasta blanca y el archiconocido bolso The Pouchrematando; todo dispuesto sobre una escalera y con un ángulo normal (y un poco lateral) y algo de lo que las imágenes anteriores carecían: perspectiva. La sensación de profundidad puede ser menor o mayor, pero ahí está. ¿Que qué ha terminado pasando? Que este tipo de fotografía se ha repetido en diferentes cuentas que tienen bien tomado el pulso a las tendencias, lo que no hace sino vaticinar tendencia inminente.